La bruja (The Witch: A New-England Folktale)
Dirección: Robert Eggers. Guión: Robert Eggers. Intérpretes: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Lucas Dawson, Ellie Grainger, Julian Richings, Bathsheba Garnett, Sarah Stephens, Jeff Smith. Duración: 92 m. Año: 2015. Producción: EE.UU., Reino Unido, Canadá y Brasil.


Nos encontramos ante un relato de terror inteligentemente planteado, pues retrata con acierto los comportamientos irracionales de los primeros colonos ingleses en América, enfrentados en soledad a un entorno hostil con toneladas de ignorancia y de fe ciega y supersticiosa. Una familia es expulsada de su asentamiento, único refugio social en medio de una naturaleza apabullante y temible, condenada a subsistir por su cuenta. Poco a poco, sus miedos van aflorando, mientras el mal aprovecha todas las grietas que la incultura de esas gentes le proporciona. Lejos de recurrir a efectismos y sobreactuaciones, el relato discurre sobrio y, con paciencia, nos adentra en las vidas de los atribulados protagonistas, especialmente de la hija mayor, interpretada por una excelente Anya Taylor-Joy, que borda un personaje que progresivamente va ganando peso a lo largo del metraje.
Cinelandia.
El interés de este filme radica en que no es tanto de género de miedo como en que reflexiona sobre el mismo, sus orígenes y sus consecuencias. La incultura, el exacerbado fanatismo religioso, el omnipresente sentimiento de culpa y el temor a lo desconocido son elementos que, cocinados a fuego lento dentro de un puchero, como es en este caso el entorno familiar, y sazonados con el desarraigo y la incomprensión de los semejantes, acaban por conformar el peor guiso posible, el mal en estado puro. Un ritmo adecuado, que a alguien le puede resultar moroso si lo que espera es el efectismo que suele acompañar a este tipo de películas, una banda sonora tan inquietante como el bosque "prohibido" (un personaje más) que amenaza a los colonos con su simple presencia y una fotografía precisa y brumosa coronan un estimable trabajo cuya mayor virtud es que pueda abrir los ojos al peor ciego, que es el que no quiere ver...

Álex.